Moisés S. Palmero Aranda
Educador ambiental
Esta semana celebro mi quincuagésimo cumpleaños en el III Encuentro de Red de Radios
Escolares que se celebrará en la Universidad de Almería y que lleva por título “Conectados al
patrimonio”. No hay mejor manera de hacerlo que rodeado de niños, maestros, micrófonos y
muchos cables.
Esta coincidencia me ha hecho imaginarme sentado, descansando en el pico de la montaña,
mirando el paisaje y sonriendo, a pesar de que a un lado solo veo una subida de bosques
ardiendo, puentes y naves destruidos, puertas y ventanas cerradas y recuerdos vagos,
desdibujados y versionados para una mejor digestión, y al otro, una pronunciada e incierta
bajada que me conduce a un páramo desierto dónde, difuminados, distingo un par de oasis
que no sé si existen o son fruto de mi imaginación.
Si a pesar de todo sonrío, es porque unos versos, una advertencia que un treintañero Rosendo
escribió para su hijo que comenzaba a andar, resuenan en mi cabeza y me consuelan: para
cuando se te asome al pelo el gris, más te vale que te sientas bien de ti. El título y el resto de la
canción también son oportunos en estos momentos: ¿De qué vas? si aún no has puesto los
pies en el suelo, si pierdes mucha fuerza en la saliva, si confundes marginal con nunca me dan
lo que yo quiero.
El caso es que, sentado, saboreando el momento, tarareando la canción, intentando responder
las preguntas incómodas, con las radios y el patrimonio revoloteando como juguetonas
mariposas a mí alrededor, y preparándome para comenzar la bajada que espero sea larga y
fructífera, pienso en qué advertencias le podría dar a un niño que comienza a andar, aunque
no tenga muy claro si las escuchará.
Más te vale que desconfíes de las banderas, biblias y el azar, que aprendas a ser crítico con lo
que te rodea, a diferenciar la verdad de la mentira, a confiar en la gente que solo quiere tu
bien, a desconfiar de todo el que solo ve en ti un escalón más, un felpudo, para seguir
subiendo o no mancharse los zapatos de barro.
Más te vale que encuentres amigos que te acompañen en la subida, a los que acompañar en
sus ascensos, con los que recuperar el aliento, donde cobijarte del frío, calmar la sed y que te
paren los pies preguntando de qué vas. Ellos son los que estarán cuando tropieces, no tengas
claro el sendero y pienses en abandonar.
Más te vale que descubras pronto que el oro un día se convertirá en una cárcel, en un peso
muerto que no podrás cargar, que nunca podrás comer. Que las piedras que levantaste caerán,
que las que derribaste no volverán a erguirse, que las luces de neón se apagarán, y las que
apagues difícilmente volverán a encenderse.
Más te vale que empieces a desconectarte de la red antes de que ella te aísle, te someta, te
dirija, te desconecte de la realidad y tu indolente corazón lata al ritmo de bits. Un simple
apagón te apagará y te dejará sin tu dosis diaria de ego, de orgullo, de soberbia, de aplausos
enlatados, de vacíos likes, convirtiéndote en una batería sin energía.
Más te vale que aceptes tus limitaciones, habilidades, aptitudes y capacidades para no perder
tiempo, buscar los aliados que te ayuden a potenciarlas o complementarlas y no chocar una y
otra vez con la misma piedra. Cuanto antes las descubras, caminarás más ligero, centrándote
en lo que está en tu mano.
Más te vale que creas en ti, que tu equilibrio, estabilidad y felicidad no dependan de los
demás, que a veces es mejor caminar solo que mal acompañado, que no puedes seguir al lado
de quien no quiere que lo acompañes y que a veces alejarte de alguien es para protegerlo.
Más te vale que te grabes a fuego que el verdadero patrimonio, el más importante que tendrás
en tu vida, es la salud, tanto la física como la mental, que cuidándote podrás dar lo mejor de ti,
que habrá momentos donde te romperás y tendrás que recomponerte, que cada vez que lo
hagas serás más fuerte y más sabio, pero nunca tanto como para ser invencible ni inmortal.
Más te vale que recuerdes que cada momento es irrepetible, que el tiempo pasado no volverá,
que pase lo que pase, debes seguir caminando, que cargado de recuerdos y sueños solo se vive
el ahora.
Más me vale que el chavalín que llevo dentro me haga caso por una vez, que acomode la carga
a mi espalda, disfrute un ratito el paisaje y comience la bajada, a ver si llego al primero de los
oasis antes de que se desate la tormenta, porque todo apunta a que será la tormenta perfecta.